En estos días me va muy bien la imágen de vaca nostálgica que busca recuerdos en cada calle, esquina y cafecito que ve. Suspiro sin querer y sigo mi camino encontrando pronto otro motivo para suspirar de nuevo. La mejor medicina que he encontrado para combatir mi etapa es mantener mi mente ocupada.
Hace rato fui a comer y justo enfrente del restaurante observé un edificio que me trajo estas raras remembranzas. Fue uno de esos flashazos que te remontan a otro tiempo cuando estuviste ahí con un humor y ánimo muy distintos. El recuerdo que me trajo fue una llamada.
Minutos después de terminar de comer, miles de ambulancias y helicópteros me dijeron la noticia de que el techo del edificio de mis recuerdos se había derrumbado.
Ahora ya no sé cómo interpretar esta rara etapa de nostalgias.





0 mugidos, da click aquí para hacer muu:
Publicar un comentario en la entrada